La Luna siempre había impresionado al búho. Hace muchos años, el búho era un animalito que vivía de día. Pero era tan curioso, que se quedaba hasta muy tarde escuchando las historias que le contaba la Luna, que veía toda la Tierra desde arriba. El búho aprendió mucho de esta manera, volviéndose un animal conocido por su sabiduría. Y como era de esperar, se terminó por enamorar de esa Luna parlanchina, reflejando la forma en sus ojos redondos y amarillo de tanto mirarla embelesado noche tras noche. Y ella, vanidosa y ajena a su amor imposible, vuelve noche tras noche a contarle nuevas maravillas, mientras se mira coqueta reflejada en sus grandes y enamorados ojos atentos.

Relato de Fernando De Gregorio
Ilustración: Marta García Pérez

Estamos de vacaciones desde el 8 al 29 de agosto. 

Los pedidos serán enviados primera semana de septiembre.